Susana Vallejo
Mi venganza es una simple cuestión de tiempo

–Era cuestión de tiempo. Ya lo sabía. Sabía que vendríais tarde o temprano. Que encontraríais a Stan. Y después, pues eso, que ya sólo sería cuestión de tiempo. Lo que no sospeché nunca es que enviarían a uno solo a por mí. ¿Eres policía? Me extraña que no lleves uniforme… No, no te oigo bien. No te entiendo. La mierda esa que me has dado me afecta de una manera extraña. No sólo me hace hablar sin parar, sino que, además, apenas oigo. Es como si tuviera un tambor metido en el cerebro o todo mi cuerpo flotase en algún sitio. Lo siento lejano. Como si no me perteneciera. Excepto la cabeza. La cabeza sí que la siento. Molesta. Pero aún más las bridas con las que me has atado. No hacía falta apretar tanto. Mira cómo se me han hinchado los pies. Los veo ahí, al final de mis piernas, como si no fuesen ya ni míos. No sé para qué me has atado. ¡Cómo si pudiera moverme! Y mira que lo intento, aprieto los dientes y me concentro… pero no hay manera. La cabeza es lo único. Una pelota pesada y ardiente que late en mis oídos. Hasta el cuello, justo hasta el cuello; que es como si tuviera una guillotina cortándomelo.. Y ahí arriba esta mega actividad neuronal como fuegos artificiales explotando en mi cabeza… ¿Te estoy hablando o estoy pensando? Hablo, ¿verdad? porque pones cara de escucharme y tú quieres saber algo. Oye, dame la vuelta o gírame un poco, que voy a vomitar…

–Ahora sí que te oigo. Quieres saber la historia. ¡Cómo no! Y yo te la voy a vomitar igual que he hecho hace un rato o hace treinta segundos. ¿Hace mucho que he vomitado? ¿Te he dejado de hablar en algún momento? No tengo ni idea. No sé… No sé qué pasa con el tiempo aquí dentro de mi cabeza. Se me están cayendo los mocos. ¡¿Qué mierda me has dado, tío!?… Creo que se me está cayendo una lágrima por el ojo izquierdo… ¿Quieres saber de Gabri? Era una cría cuando lo conocí y él aún no se había convertido en el hombre desencantado y cínico que debisteis encontrar. Lo conocí… Buf, cuando se implantó la Huella, lo de la huella de carbono en los carnets, cuando los ricachos, los de siempre, querían comer carne todos los días y seguir invitando a los unos y a los otros a sus filetes y a sus asados, y poner la secadora y tener agua caliente cada mañana e ir a trabajar en coche individual y no en el transporte público con toda la manada, y viajar en avión a París y a Londres a comprar gilipolleces. Gabri entró entonces por primera vez en el Ministerio. Y le fue bien. ¡Vaya si le fue! No le pillaron. Lo de la Huella estaba dentro de un gusano. Un gusano que le ayudé a crear. Gracias a eso yo tengo nevera y dentro un bistec de buey congelado. Y puede que me quede algo de ternera. Carne de la buena, tío. Carne sangrante y sabrosa y roja que se deshace en la boca si sabes cómo descongelarla. Mi Huella está alterada, pues claro. Y podría cambiar la tuya en un momento… Si me sueltas… Aquel gusano primigenio se convirtió en decenas de cientos. Pequeños gusanos dispersos por la Red sumando puntos a los carnets de huellas. Se multiplicaron como los del Ovillo.. Pero eso a ti no te interesa, ¿verdad? Que estás aquí por lo de la Huella…  Es mejor aprovechar unos pocos años buenos que malvivir hasta llegar a los sesenta muertos de hambre, ¿verdad? No va con nosotros lo de la cartilla y mendigar repollos y coles de bruselas. Prefiero esto: mi pantalla 360 y mi la butaca de piel. Es una antigüedad, claro. Ahora no me gastaría en ella la millonada que costaría si fuera nueva. ¡¡No me arrepiento, no!! Grábalo si quieres: No me arrepiento. ¡Ah! ¿No grabas nada? Qué extraño. El protocolo marca grabarlo, ¿no? Pero quién soy yo para meterme en lo tuyo. Tampoco llevas uniforme, ¿no?..  ¿Que dónde están los equipos Quantic de Gabri? Buff, ¿y a ti eso qué te importa? …Vale, vale. Deja eso. Si ya te lo cuento. No hace falta que me lo claves. Si me desangro tampoco podré contártelo. ¿Quieres que vuelva a lo de Gabri? Él es el responsable de la Huella, junto conmigo, claro. Que no es por quitarme mérito. Lo masacrasteis. No hacía falta destrozarlo de aquella manera. Ni siquiera en plan ejemplarizante. Como si no supiéramos de lo que sois capaces. No hacía falta ensañarse así. Hijos de puta. ¿Que tú no fuiste? ¿ni lo sabes? ¡Porque no figura en los informes! ¡No te jode! Pero me da igual. Serían otros como tú. Todos sois iguales, con o sin uniforme. Gabri era una leyenda, ya lo sabes. Un ángel. No, aún más: un arcángel. Su nombre estaba rodeado por una aura mística… Entonces, cuando lo conocí, vivía en Sants, en la calle Galileo, que decía que cambiaría el mundo… Que algo se le pegaría de Galileo, que inventaría algo grande. Y sí, lo creamos. Ja, ja. Ya lo creo que creamos algo que cambió el mundo. Mierda de mundo… ¿Gabri? ¿Quieres que siga con Gabri? Pues yo era una cría. Y él una leyenda. Y estaba como un queso. Bueno, depende del gusto que tengas, claro. Porque guapo, lo que se dice guapo, no era guapo. Para nada. Pero era atractivo. Mucho. Buff. Y una cosa llevó a la otra. Y estuvo el día aquel… Un día entero. ¿Sabes? Cuando estoy de bajona, pienso en aquel día. Un día perfecto y brillante que me ancla al presente y me da esperanzas y me hace sonreír como una idiota. Sí, aún hoy en día. Incluso ahora. Mi día perfecto fue con Gabri. Quedamos para tomar un vermut en un sitio de principios de siglo. Él era muy de esas costumbres antiguas, como lo de tomar un café en una terraza de la calle, ir al bar de tapeo o tomar un vermut. No le importaba gastarse el dinero en esos lujos. Y compartirlo conmigo, claro. Y aquel día hablamos. No sé de qué, la verdad. Del trabajo, supongo. Del futuro. Quizás del pasado. De los datos… Así empezó el Ovillo… Pero tú quieres saber de la Huella. Bueno. Aquel día me habló también, seguro, de las Matemáticas. De su amor por una ciencia perfecta y redonda que nunca le fallaba. Y de libros. Seguro que me habló de libros. Porque Gabri leía. Leía mucho, sin parar. Y en su casa guardaba centenas de libros en papel. ¿Te lo puedes creer? No confiaba en la nube. Si él podía entrar en ella, cualquiera podía hacerlo. La casa de Gabri estaba plagada de libros. Olían… olían a libros, a papel, a humedad, a antiguo. Yo no sé qué le conté. Era una cría. Supongo que le hablé de lo que hice en el Insti con las notas y lo del Mercadona. No sé… Pero debí interesarle porque luego me invitó a comer y anduvimos hasta la playa. Yo estaba aún achispada por lo del vermut. ¿Lo has probado alguna vez? Está muy rico. Fresquito. Con hielo y una aceituna. Y si puedes pagarlo, dentro, en la aceituna, ¿te lo puedes creer?, ¡ponen una anchoa! Es un pescado. Muy salado. No ponen la anchoa entera, claro. Que no cabría. Sólo un trocito. Y le da un sabor salado y… no sé. Un sabor especial… Se me subió a la cabeza. Un poco. Gabri me llevó a uno de esos chiringuitos que aún quedan, los protegidos por Seguridad. Comimos almejas y calamares. De eso me acuerdo muy bien. ¡Cómo iba a olvidarlo! Me dijo que si todo salía como tenía planeado, pronto podríamos comer lo que quisiéramos… Era invierno, ¿sabes?, y no había casi nadie en la playa. ¿Has visto el mar en invierno? Es como un espejo. Como el mercurio. Como la ciudad. Un mar de mercurio que estalla en naranjas y azules cuando atardece y deja retazos de rosas y violetas. El mar refulgía y fuimos más allá de las chabolas y nos quitamos los zapatos y metimos los pies en el agua helada. ¡Estaba helada! Tan fría que casi dejabas de sentir los pies. Y yo le conté que a mí me gustaba el agua fría y él me dijo que a él también. Y nos reímos porque sabíamos que, si todo salía bien, en unos meses podríamos ducharnos con agua caliente y eso que debíamos ser los únicos a los que no les importaba que el agua estuviera fría… No he vuelto a encontrar a nadie como Gabri. No. Nunca. Mira, se me ha caído otra lágrima. Me enamoré hasta las trancas. Como sólo puede hacerlo una jovencita imbécil, cuando su ídolo se fija en ella. Pero, ¿sabes?, él también se enamoró. Supongo que no se lo esperaba. Le pilló de sorpresa… Y encima empezamos a trabajar juntos en la Huella. Nunca he trabajado con alguien como con él. Era como con el sexo. Trabajar con él era igual de bueno. Sabía a dónde quería llegar con cada línea de código. ¡Sabía lo que pensaba, joder! Estábamos unidos… Éramos uno. Lo de la Huella nos llevó unos dos meses. Sólo dos meses. Y fueron dos meses perfectos. Trabajábamos en algo que podría cambiar el mundo. ¿Qué podía ser mejor?.. Nunca he trabajado tan bien como entonces. Ni con lo del Ovillo… ¿Los equipos de Gabri? Eran unos prototipos. De Quantic, claro. Como lo oyes. No, eso sí que no tengo ni idea. No sé de dónde los sacó. Y sí, se lo pregunté más de una vez. ¿Quién no querría unos equipos como esos?.. Pero, no. Nunca me lo dijo.  Tenía sus secretos. Y yo los respetaba. Igual que él respetaba los míos. Todos tenemos nuestros secretos. Él se llevó los suyos. Y aquí estoy yo, contándote los míos porque me has dado alguna mierda que me hace vomitar hasta la última papilla y hasta el último secreto.

Sé algunos…  Podría contarte algunas de las cosas que hizo por unos cuantos desgraciados. Como aquella vez que pagó al hijo de Jota las sesiones de diálisis o… Ah, eso no te interesa. Pues con eso era con lo que se ganaba a la gente y a los colegas que le estaban agradecidos de por vida. Que hubieran hecho cualquier cosa por él, de la misma forma que yo hubiera hecho cualquier cosa por Gabri. El Ángel, el Arcángel. ¿Te he dicho que estaba buenísimo? Sí, ¿verdad?… ¿Los Quantic? ¡Qué pesado! ¿Quieres saber a dónde fueron a parar?.. Ja. Espera, espera, que ahora me doy cuenta. No te importa lo del Ovillo, claro. Ni la Huella tampoco, ¿verdad?.. ¡Ja! Tú sólo preguntas por los equipos, vas detrás de los Quantic. ¡¡Eres un chatarrero de mierda!! Por eso no llevas uniforme… Ja, ja, ja… Ay, mierda, dame la vuelta, que tanto reír me va a hacer vomitar otra vez. Joder…

–Si al final quien me ha encontrado no es la poli, sino un chatarrero. La cosa tiene su gracia. Gabri está muerto. Y la única creadora del Ovillo, de la Huella, la única superviviente soy yo. Que yo ya sabía que mi único fleco suelto era Stan. Ya lo sabía. Que ese imbécil acabaría hablando con cualquiera y metería la pata y acabarían uniendo cabos y encontrándome. Y luego ya sólo sería cuestión de tiempo… Pero la poli no ha dado con Stan, ¿verdad? Sino tú. Tú. Que lo único que quieres es los Quantics y lo demás te importa una mierda… ¡Es muy irónico! Ja, ja, ja… ¿Qué? ¿que dónde están los equipos de Gabri? Ja. Espera que respire y que me centre. Que tú sólo buscas los equipos. Que… Espera, espera, espera, no lo hagas. Que ya te lo digo… ¡¡Están ahí mismo, cabrón!! ¡¡Detrás tuyo!! Si no los has visto antes es porque están ahí delante, en medio del salón. Que yo siempre he pensado que si quieres esconder algo debes dejarlo a la vista de todos. No hay mejor escondite que ningún escondite… Son esos, claro… Sí ya sé que parecen equipos vulgares. Les hice la carcasa yo misma. Y también es eso: el núcleo está encima del mueble rojo. Si eres un chatarrero, te habrás fijado en mis equipos, ¿no? ¿No te parecen demasiado estándard para mí? Son los Quantic de Gabri. Que yo me los quedé. Es la primera vez que te veo sonreír en todo este tiempo. Eh, eh, eh… Estáte quieto. Ya te he dicho todo lo que querías saber. ¡¡Estáte quieto, joder!! ¡Me cago en tu puta madre! ¡Quieto! ¿Qué haces? ¡¡Ya te lo he contado todo!! ¡Y tienes lo que quieres! ¡Déjame en paz!.. No te voy a dar el gusto, hijo de puta. ¡¡Acércate un poco más y te arrancaré la polla de un bocado!! ¡Estáte quieto, hijo de puta!

–¡¡Vete a la mierda, cabrón!! Como salga de esta, te mataré. Te lo juro. Y te aseguro que te mataré despacio y te haré sufrir todo lo que pueda. Te voy a destrozar la cabeza con una barra de acero hasta oír como tu cráneo se hace pedazos. Te sacaré los ojos con las uñas y te los haré tragar. Te quitaré los dientes con las tenazas, de uno en uno. ¡¡Te voy a cortar los huevos y te los meteré por la garganta hasta que hagan compañía a tus ojos en el estómago!! Te lo juro, cabrón. ¡Te lo juro! Y yo no juro en balde. ¡Estás muerto! Si salgo de esta, estás muerto!… Estoy sangrando. Mierda. Y no siento nada. Pagarás cada una de las lágrimas que se me han caído. Y cada gota de sangre. Y cada uno de los espermatozoides defectuosos que me has dejado dentro. Voy a vomitar otra vez. ¿Qué es esto que me has dado?.. Tengo mocos. ¿Qué coño es lo que me has dado?.. No, no, no, no… No. No es cierto. No puede serlo. Dime que no es cierto. Que no me está destruyendo el cerebro y dejándolo como un queso de esos de agujeros. De Gruyere. Eso. Que lo probé una vez. Con Gabri… No quiero morir así; perdiendo el cerebro por la nariz. No quiero morir atada y desangrada y con el cerebro hecho papilla en la mesa de la cocina. ¡¡Te voy a matar, cabrón!! Te voy a matar… No, no, no… Otra vez no. No, no… No lo hagas. ¡Otra vez no!

–Se me caen las lágrimas. Se me caen. Y los mocos o el líquido encefaloráquideo o lo que sea esto. Siento el frío dentro. Como el agua helada del mar… ¡Mierda! Escucha, escucha chatarrero, escúchame bien…  mientras pueda hablar e hilar un pensamiento con el otro. ¡Hay algo más valioso que esos equipos! Sí. Creételo. ¡Me cago en la puta! ¡Déjame hablar! ¡Déjame vengarme! Deja que te lo explique, porque te va a interesar… Está lo de la Huella, claro. La Huella que es lo que te ha traído hasta los Quantic. Pero puedes sacar más, mucho más. Déjame que te lo cuente. Abre las orejas. Cuando lo del Ministerio, creamos la Huella, ¿vale? Eso lo sabes tú y lo sabe mucha gente. No te descubro nada nuevo. En los Quantic está el origen del primer gusano. No, no están conectados a la Red. Ni a la nube. Pues, claro. Ahora no… Déjame seguir, mientras pueda. Mientras me queden un par de neuronas conectadas. Quiero contártelo y valdrá la pena. Lo más difícil fue después… Una vez dentro del Ministerio teníamos acceso a todos a los datos, a los datos de todos, a cada uno de los españolitos y su ID y sus nombres y sus familias, y sus direcciones, y sus posesiones y sus carnets, el de la huella de carbono, el de conducir y el de la Seguridad Social, los que tienen Seguridad Social, y los que no… Pero también teníamos lo mejor: las enfermedades de todos y su árbol genético… Todo eso es oro. Oro para las farmacéuticas. Para ¡todos! Nosotros primero pensamos en las farmacéuticas… Esa información te permitiría vivir mejor que a cualquier chatarrero que hayas conocido durante toda tu puta vida… Escucha… ¿Sabes que es lo más valioso? ¿Lo que vale más que esos Quantic, más que el oro y los diamantes, incluso más que cualquier fajo de billetes por grande que sea?.. ¡La información, claro! No te descubro nada nuevo. Espera que me estoy liando. Dios. Se me cruzan las ideas a toda velocidad. Se me escapan. Se me escapan como se escapó Stan de los otros… Espera, deja que me centre… Gabri y yo teníamos acceso a toda la información del Ministerio. El Ovillo era nuestro. Se la podríamos vender a alguien, claro. Y lo hicimos. A las megaempresas que pagaban por segmentar hasta lo imposible a sus públicos, por conocerlos, para llegar a sus targets… ¿Te lo he dicho ya? No sé. Empresas farmacéuticas, claro, pero también techies… Y estaban las marcas que querían saberlo todo de sus consumidores. Y nosotros que lo sabíamos todo sobre ellos. Que les podíamos vender todo, ¡todo!, lo que querían saber sobre ellos. Pero eso eran menudencias, peanuts, como decía Gabri. ¡Que serían menudencias, pero fue lo que pagó el ático en Balmes! Y entonces, se nos ocurrió: quién podría pagar por el Ovillo más. Más aún. Quién pagaría pasta de verdad… ¿A quién le podría interesar? Y luego abandonamos aquello de las megas y las marcas y se nos ocurrió que quién pagaría por hacer que te amen y te odien y te muevan y si un ovillo puede esconder otro falso en su interior. Mierda. Se me están nublando las ideas. Espera, escucha… Se me acaba el tiempo. Me estoy liando. A ver, déjame que recoja la hebra del pensamiento… ¿Te acuerdas de Chabrol?.. No, contéstame. Va en serio. Es una pregunta que tiene mucha más miga de lo que te pueda parecer. En serio: ¿qué recuerdas del Chabrol de hace siete años? No, no ese de ahora, el tecnócrata que ganará las elecciones la semana que viene. Porque las ganará. Lo sabes, ¿no? Todo el mundo ama a Chabrol y ya nadie se acuerda del Chabrol de hace siete años… La opinión pública olvida. Por mucho que la información esté ahí. Porque sigue ahí, no lo dudes. Escondida en la página veinte o treinta de Google y de SpyGlass y de otros buscadores. Está allí. Y allí siguen escondidos, escondidos a la vista de cualquiera, porque el mejor sitio donde se puede esconder algo es dejándolo a la vista de todos… Esa es la guerra de verdad, chatarrero. Eso es lo que mueve dinero. La guerra que tú no ves, la que nadie conoce, la que realmente mueve pasta y en la que nos metimos, casi sin saber dónde nos metíamos. Esa es la más peligrosa. La guerra de los otros. La de los que mueven los hilos. Es la de los que miden la reputación cada día y pagarían lo que fuera por el Ovillo. Pero ellos nunca nos pagaron, ¿sabes? Y nosotros que nos creíamos tan listos y que nos íbamos a ir a vivir a la isla, a nuestra propia isla, y acabaron con Gabri… Los otros… Mis pies hinchados ahí, abajo, morados, atados por las bridas, fríos y helados. Helados como en el agua fría del mar en invierno… El agua de nuestra playa. Pero, espera. Sí, ya vuelvo a lo de Chabrol. ¿Te acuerdas de cuando metió la pata en aquella entrevista con el entonces presidente? ¿te acuerdas cómo nos reímos de que no supiera lo que era la Ley Alfa? ¿Te acuerdas del ridículo que hizo?… Veo tu cara, chatarrero. Sí, sí, ahora lo recuerdas. Lo habías olvidado, ¿verdad? Igual que habías olvidado de lo que dijo de acabar con los Delta. ¿Te acuerdas? ¡Se armó una buena! No era un chiste. Lo decía en serio. Y todos pensamos que era una broma. Dijo lo de recluir a los Delta en campos de concentración. Porque, total, si no tienen Seguridad Social, si están enfermos y malviven, ¿no sería mejor acabar con ellos y con el sufrimiento de sus familias? Por su propio bien. Por el bien de la sociedad… Los que necesitan diálisis y no pueden pagarla, los que desarrollarán cáncer, los que llevan consigo un 90% de probabilidades de desarrollar pancreatitis, lupus, cirrosis hepática… los que tienen un 80% de probabilidades de tener hijos con síndrome de Down, los que desarrollarán enfermedades del corazón, de los pulmones, del cerebro… y no podrán pagarse los tratamientos. Los que sufren y malviven de sus cartillas hasta caer muertos en cualquier esquina. ¿Por qué no ahorrarles sufrimientos? Chabrol lo tenía claro. Lo TIENE claro. ¿Te acuerdas?… Sí, sí, ¡ahora te acuerdas! Chabrol ahora es el estadista que nos sacó de la guerra de Oriente, el salvador de la patria, el defensor de las pequeñas y medianas empresas, el padre de la ley del Medio Ambiente. A Chabrol lo amamos. Nosotros y los miles de perfiles que se ocupan de alabarlo, de distribuir sus ideas, sus éxitos, sus visitas, sus eslóganes, sus fotos con el rostro bronceado y arrugas estratégicamente distribuidas. Los perfiles clave, los nodos del Ovillo que diseminan sus mentiras transformadas en verdades por el red, al mismo tiempo que otros miles de perfiles trolean a los que intentan escupir la verdad y rescatarla del olvido. Yo lo sé, chatarrero. Yo; sí. Yo me acuerdo. Porque creé el Ovillo y lo vendí. Se lo vendía a ellos y nunca me pagaron. Nos engañaron. Me engañaron… Chabrol y los suyos. ¿Sabes quién se cargó al Chabrol de entonces? ¿quién lo enterró entre una miriada de buenas opiniones y brillante reputación? ¿quién creó a los trols que pusieron en ridículo a los que intentaban enseñarnos su auténtica cara? Fui yo. Mierda. Y Gabri. Que nos creíamos tan listos… Escucha, chatarrero, ahí, con los Quantic, con los datos del Ministerio, creamos un programa, simple, fácil, en realidad mucho más sencillo que la Huella, que partiendo de los datos reales de todos nosotros y de su mapa de relaciones, creó falsos perfiles en la red. A veces eran falsos del todo, a veces aprovechábamos algún dato real. Los cruzamos usando las relaciones de los unos con los otros, de sus amistades en FB, en X, en Instagram, en Lee y sobre todo en Us, creamos otras decenas de miles de perfiles falsos. Y se reprodujeron, como los gusanos. ¡Todo está ahí! ¡dentro de mis Quantic! Una red, un ovillo falso en nuestro Ovillo, con miles de perfiles activos en la red, dispuestos a servir al mejor postor. Y ese fue Chabrol. Bueno, y Nest, la agencia de comunicación de Chabrol. Todos con el mismo objetivo, los Media que controlan y las megas que dominan. Un holding perfecto con Chabrol a la cabeza. Ellos son los que mandan: ellos. Los que no se ven. Los que se esconden detrás de Chabrol. Fueron los que nos contrataron. Y salió todo tan bien… Unos perfiles denigrando, incordiando y ridiculizando con verdades y mentiras y medias mentiras a Escobar, al PEC, a Pierrot… Y al mismo tiempo, otros miles de perfiles, apoyando, distribuyendo, adorando las ideas de Chabrol. En sus muros, a sus cientos de miles de amigos les contaban las ventajas de su plan económico; la historia del soldado de la guerra de Oriente, aquella respuesta ingeniosa a Pierrot; les hablaban de su apoyo a su ley y por qué nos convenía a todos; les decían lo bien que había hablado en los medios, explicaban su valía… La opinión pública se puede cambiar. Oh, sí. Los otros también lo hacen, claro. Pierrot y el PEC y Escobar. Pero ellos no tienen el Ovillo, no tienen los Quantic. Y Chabrol sí. Chabrol nos tenía a nosotros. Y nosotros somos los mejores… Éramos los mejores. Se me ha caído una lágrima.

Los mocos.

Mi cerebro.

¡Mierda!

Por Dios, recuerda al Chabrol de hace siete años, chatarrero. Hace sólo siete años. ¡Recuérdalo!

Eso es Poder. Con mayúsculas. Eso ya no es que un ricacho pague por comerse una chuleta de cordero cada jueves. Eso es dirigir el mundo. Y lo hicimos. Nosotros. Eso es lo que mató a Gabri. No fue la Huella. Fue el Ovillo. Lo hicimos tan bien que no podían dejarnos vivos. Y todo, todo, está guardado en los Quantic. Ahí, en el salón. Allí están los primeros perfiles, los primigenios, esas primeras decenas de perfiles falsos, nuestro primer ovillo dentro de la estructura del Ovillo. Allí está el mapa completo. Ahí está todo. Todo preparado para enviarlo a Escobar. Escucha. Chatarrero, si quieres, puedes acabar con Chabrol. Darle la vuelta a la tortilla. Queda una semana para las elecciones. Sólo una semana. Escobar lo entenderá. Y puede usar el Ovillo a su favor. Es más honrado. Lo sé. Te lo juro. Lo sé. Conozco su perfil. Salvaremos a los Delta… ¿Estás dudando, verdad? Lo sé. Lo veo en tu cara. Quítame estos mocos de la cara. Se me nubla la vista… Quiero verte la cara. Lo tienes en tus manos. ¿Demasiado grande? ¿Es demasiado grande para ti? Lo fue para nosotros que ya estamos muertos. Quedas tú. Un chatarrero. Y dejo en tus manos nuestros Quantic y el Ovillo… No puedo… Casi… Mover los labios… Ahora lo sabes. Llévate los Quantic, ¡Cabrón! ¡¡Llévatelos!!

«Llévatelos y te matarán, cabrón, hijo de puta. Porque todo el mundo sabe que crearon la Huella, que con ellos creamos la Huella, pero lo del Ovillo… Lo del Ovillo sólo lo saben ellos. Y tú. Ahora lo sabes tú. Si te llevas los equipos, te matarán. Lo sé. Y si no te los llevas… Ahora tú también lo sabes todo. Lo sabes porque te lo he contado. Y te encontrarán. Porque tengo tu semen por todo mi cuerpo. Tengo tu ADN conmigo. Y tu ADN está en el Ovillo, en esos datos del Ministerio. Y porque Stan, el fleco suelto, sigue vivo. Tú también estás muerto. Sólo es cuestión de tiempo. Estás muerto, chatarrero de mierda. ¡Estás muerto, hijo de puta!».